El accidente de Chernóbil en 1986 fue un evento trágico que resultó en la creación de una zona de exclusión de 4.700 kilómetros cuadrados. Sin embargo, esta área ahora se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar los efectos de la radiación en la biodiversidad.
Investigadores de la Universidad de Oviedo y de la Estación Biológica de Doñana – CSIC han estado trabajando en esta área durante ocho años. Aunque no pueden regresar a Chernóbil, han recreado el accidente en un laboratorio en Sevilla para continuar su investigación.
Descubrieron que la radiación afecta principalmente a la coloración de las ranas, volviéndolas más oscuras. La melanina, presente en la piel de las ranas, parece protegerlas de la radiación ionizante de manera similar a como nos protege de la radiación ultravioleta.
Para demostrar esto, los investigadores han sometido larvas de sapo de espuelas a diferentes niveles de radiación en cubos blancos y negros. Aunque aún no se han obtenido resultados concluyentes, se espera que el estudio demuestre cómo la radiación afecta a la biodiversidad y cómo las especies pueden adaptarse a ella.
Además, en la Universidad de Stirling en Escocia, se están llevando a cabo experimentos similares con ranas y escarabajos expuestos a diferentes niveles de radiación. Estos estudios buscan comprender los efectos transgeneracionales y la evolución en tiempo real.
En resumen, el accidente de Chernóbil ha creado una oportunidad única para estudiar los efectos de la radiación en la biodiversidad. Los investigadores están recreando el accidente en laboratorios en Sevilla y Escocia para comprender cómo las especies se adaptan a la radiación y cómo afecta a su coloración. Estos estudios son cruciales para comprender los efectos a largo plazo de los desastres nucleares y pueden tener implicaciones importantes para la conservación de la biodiversidad en todo el mundo.
Imagen: CSIC, Pixabay