La desconfianza entre los Gobiernos de China y EEUU es absoluta, especialmente en el ámbito de la industria de los semiconductores. Este tira y afloja ha perdurado durante más de siete años, comenzando en 2010 con la investigación a ZTE por sus vínculos comerciales con Irán y Corea del Norte. En 2017, la Administración de Donald Trump impuso una sanción de 1.200 millones de dólares a ZTE, marcando el inicio de una serie de tensiones que también afectaron a Huawei.
En 2018, EEUU acusó a estas empresas de comprometer la seguridad nacional, lo que generó preocupación no solo en América, sino también en Europa y Australia. Las sanciones continuaron, mientras que China no se quedó de brazos cruzados. En marzo de 2023, la Administración del Ciberespacio de China (CAC) inició una investigación sobre Micron Technology, un importante fabricante de chips estadounidense, alegando que sus productos ponían en riesgo la seguridad de las redes chinas.
Recientemente, la Asociación de Ciberseguridad de China (CSAC) ha dirigido sus acusaciones hacia Intel, acusándola de introducir puertas traseras en sus chips. Esta situación es similar a la de Micron, y CSAC sostiene que estas puertas traseras permitirían el acceso no autorizado a sistemas y redes, comprometiendo así la seguridad convencional.
La filial china de Intel ha respondido negando las acusaciones y reafirmando su compromiso con la seguridad y calidad de sus productos. Aseguran que continuarán comunicándose con las autoridades para aclarar cualquier inquietud. Sin embargo, el futuro de Intel en el mercado chino se presenta incierto, y la tensión entre ambas naciones sigue en aumento.
Imagen: Intel