Sam Altman, CEO de OpenAI, ha generado un gran revuelo con su reciente artículo optimista sobre la inteligencia artificial (IA). En él, destaca la necesidad de regular la IA, pero también hace promesas sobre su potencial para resolver «problemas complejos». Sin embargo, a pesar de los avances en campos como la genética y la medicina, la realidad es que aún estamos lejos de que la IA cure enfermedades como el cáncer o resuelva retos como la fusión nuclear.
Una de las promesas más cercanas a cumplirse es la de la IA como asistente que aumente nuestra productividad. Aunque en programación la IA puede ser útil, su fiabilidad sigue siendo un gran problema. Altman también menciona la posibilidad de contar con tutores virtuales que ayuden en la educación, lo que podría ser una herramienta valiosa si se implementa correctamente.
A pesar de la esperanza que transmite Altman, hay estudios que sugieren que la IA podría estar empeorando las desigualdades sociales. Además, el impacto de la IA en el empleo es un tema delicado, ya que muchos trabajos cambiarán más lentamente de lo que se espera. Altman ha admitido que la llegada de la inteligencia general artificial (AGI) podría tardar más de lo que se anticipa, lo que genera dudas sobre la viabilidad de sus afirmaciones.
El consumo energético y de recursos de la IA es otro punto crítico. OpenAI enfrenta desafíos financieros, y su futuro depende de que la sociedad crea en la necesidad de la IA en nuestras vidas. Con una nueva ronda de inversión de 6.500 millones de dólares en negociación, Altman parece estar buscando asegurar el futuro de la empresa a través de promesas que, aunque atractivas, deben ser tomadas con cautela.
Imagen: Xataka con Midjourney