Portugal ha sabido adaptarse al teletrabajo tras la pandemia, implementando medidas fiscales para atraer a nómadas digitales. Sin embargo, esta estrategia ha generado un impacto negativo en la población local. Los jóvenes portugueses enfrentan salarios bajos y un alto costo de vida, lo que ha llevado a una fuga de talento.
Desde la introducción del ‘visado de nómada digital’ en 2022, el gobierno ha buscado atraer a trabajadores con altos ingresos. Este visado exige un salario mínimo de 3.280 euros, lo que excluye a muchos locales. A pesar de las ventajas fiscales, la brecha económica entre nómadas y residentes se ha ampliado, provocando un descontento creciente.
Datos recientes indican que el 25% de la población portuguesa vive en el extranjero, y casi el 40% de los graduados emigra anualmente. La falta de oportunidades laborales y los bajos salarios son factores determinantes en esta tendencia. El salario mínimo en Portugal es de 820 euros, y el 50% de la población gana menos de 1.000 euros al mes.
El gobierno intenta equilibrar la atracción de inversión extranjera con la mejora de las condiciones locales. Recientemente, se han reintroducido ventajas fiscales para ciertos trabajos, buscando recuperar la competitividad de Portugal como destino para nómadas digitales. Sin embargo, la situación sigue siendo crítica para los jóvenes locales, que ven cómo sus oportunidades se desvanecen.