John R. Brinkley, un médico sin licencia, llegó a Milford, Kansas, donde comenzó a ofrecer tratamientos inusuales para la disfunción eréctil. Su carrera comenzó cuando un granjero le preguntó sobre un tratamiento para su virilidad. Brinkley, sin experiencia médica, bromeó sobre el trasplante de testículos de cabra, lo que llevó a una serie de eventos inesperados.
Brinkley abrió una clínica y, a pesar de su falta de credenciales, se ganó la confianza de la comunidad. Pronto, comenzó a realizar operaciones de trasplante de gónadas de cabra, prometiendo revitalizar a sus pacientes. Aunque muchos sufrieron complicaciones graves, su fama creció rápidamente, convirtiéndose en un personaje mediático.
Con una estrategia de marketing agresiva, Brinkley llegó a tener su propia emisora de radio y una red de farmacias. Afirmaba haber encontrado la cura para múltiples enfermedades, lo que atrajo a numerosos pacientes, incluidos algunos famosos. Sin embargo, su éxito atrajo la atención de las autoridades, que comenzaron a investigar su historial y las quejas de sus pacientes.
A pesar de los problemas legales, Brinkley se postuló para gobernador de Kansas, aunque su campaña fue un desastre debido a errores en las papeletas. Finalmente, en 1941, se declaró en quiebra y murió en la indigencia un año después. Su historia es un recordatorio de los peligros de la pseudociencia y la manipulación mediática en la medicina.