El águila perdicera es una especie de ave que se encuentra en tres zonas del mundo: el sureste de China, la India y el Magreb y la península ibérica. Este hecho ha intrigado a los científicos durante décadas, pero recientemente se ha resuelto el misterio en la Universidad de Granada.
Según los registros fósiles, el águila perdicera es una especie «recién llegada» a Europa, estableciéndose en el Mediterráneo hace aproximadamente 50.000 años. A diferencia de otras especies, esta ave no tolera bien el frío, por lo que solo pudo encontrar refugio en las zonas costeras durante el último periodo glacial.
El misterio se intensifica al preguntarse qué hacían las águilas perdiceras en el Mediterráneo antes del fin del último periodo glacial. Los investigadores han encontrado una explicación en la llegada de los primeros humanos modernos a Europa, los Homo sapiens. Estos primeros pobladores jugaron un papel fundamental al crear las condiciones para que las águilas perdiceras pudieran prosperar.
La clave está en las interacciones competitivas entre el águila perdicera y el águila real, siendo esta última la especie dominante. Los humanos y el águila real no se llevan bien, y las águilas reales pueden matar a las perdiceras y usurparles sus territorios. Con la llegada de los sapiens, algunos territorios de águila real cercanos a los asentamientos humanos quedaron abandonados y fueron ocupados por águilas perdiceras procedentes del Medio Oriente.
Este mecanismo demuestra cómo la presencia humana puede afectar a las especies animales. En este caso, la presencia de los sapiens eliminó a la competencia y permitió que las águilas perdiceras prosperaran. Sin embargo, ahora que hemos invadido toda la naturaleza, esta relación extraña con los seres humanos pone en peligro a estas aves. Solo pueden vivir a una distancia exacta de la humanidad, ni muy cerca ni muy lejos.
Imagen: F. David Carmona