En Murcia, la llegada de empresas agrarias que alquilan tierras para cultivos ultraintensivos está generando un problema insostenible. Estas empresas, que traen su propia mano de obra y agotan los recursos locales, están causando preocupación entre los alcaldes de la provincia. Según el alcalde de Caravaca, estas empresas utilizan el agua de manantiales y pozos tradicionales, y a menudo no recogen todas las cosechas, dejando la tierra contaminada y los caminos dañados.
La alcaldesa de Yecla también ha señalado que estas empresas no respetan los cultivos tradicionales de la zona y que su modelo de explotación es perjudicial para el medio ambiente y la estructura social de los pueblos. La falta de mecanismos de control y la incapacidad de la Confederación Hidrográfica del Segura para monitorizar el uso de los acuíferos en tiempo real agravan la situación.
El éxodo a las ciudades y la falta de relevo generacional en el campo están facilitando la entrada de estas empresas, que encuentran tierras disponibles y propietarios dispuestos a alquilarlas. Sin embargo, este modelo cortoplacista es más rentable para las empresas, que no asumen las externalidades negativas que ocasionan, arrinconando a los modelos sostenibles que cuidan el territorio.
El conflicto es inevitable, ya que miles de hectáreas de cultivo van a salir al mercado en los próximos años debido a la jubilación de muchos propietarios. Es crucial ordenar el sector para evitar que estas prácticas destructivas continúen y para proteger el medio ambiente y el tejido productivo de las zonas rurales.
Imagen: Teresa Grau Ros