El cierre de la fábrica de Bimbo en Valladolid, que afecta a más de 200 empleados, representa un duro golpe para el tejido industrial de la España vaciada. Esta situación pone de manifiesto un problema creciente: el desempleo entre personas mayores de 50 años. La planta, que abrió en 1973, cuenta con una plantilla envejecida, donde la mayoría de los trabajadores tiene más de 50 años y lleva décadas en la empresa.
Con el anuncio del cierre, se inicia un periodo de negociación entre la empresa y los sindicatos para determinar las condiciones del despido. La posibilidad de trasladar a algunos empleados a otra planta de Bimbo se está considerando, pero muchos se enfrentan a un futuro incierto. La realidad demográfica de España muestra que el 36,3% de la población activa tiene más de 45 años, lo que agrava la falta de relevo generacional en el mercado laboral.
El edadismo sistemático es un fenómeno preocupante. Según la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), el 46% de los parados registrados son mayores de 50 años, pero solo el 16,8% de los contratos se otorgan a personas de más de 55 años. Esta disparidad crea un círculo vicioso donde los mayores pierden la esperanza de reincorporarse al mercado laboral.
Las empresas, que a menudo buscan experiencia, tienden a descartar automáticamente a los mayores de 50 años en el proceso de selección. Esto se traduce en que el 75,3% de estos desempleados no recibe respuesta a sus solicitudes. La situación se complica aún más con el aumento de la edad de jubilación, lo que lleva a muchos a depender de subsidios hasta alcanzar la jubilación.
Sin embargo, algunas empresas están comenzando a reconocer el valor de la experiencia de los trabajadores mayores. La madurez y el compromiso laboral de estos profesionales pueden ser una ventaja en un mercado laboral que enfrenta una escasez de talento. El cierre de Bimbo en Valladolid es un claro ejemplo de los desafíos que enfrenta España en el ámbito del empleo para mayores de 50 años.
Imagen: Xataka