El Aeropuerto Internacional de Paro, ubicado en Bután, es conocido por su dificultad de aterrizaje. Solo 50 pilotos están certificados para operar en este aeropuerto, debido a sus complejas condiciones geográficas y operativas. Rodeado de montañas que alcanzan los 5.000 metros, el terreno limita las maniobras de aproximación y escape.
La pista, de 2.265 metros, no es visible hasta etapas avanzadas del aterrizaje. Los pilotos deben realizar un giro pronunciado en la fase final, y todo el proceso se lleva a cabo manualmente, ya que no se dispone del Instrumental Landing System (ILS). Este sistema, que ayuda a los aterrizajes en condiciones de baja visibilidad, no puede ser utilizado aquí debido a la falta de infraestructura adecuada.
En su lugar, los pilotos utilizan el Very High-Frequency Omni-directional Range (VOR), un sistema de radionavegación que les asiste durante la aproximación. Además, las operaciones están restringidas a las horas de luz, y se recomienda evitar aterrizajes después del mediodía debido a cambios climáticos adversos.
Actualmente, solo dos aerolíneas operan en el Aeropuerto Internacional de Paro: Drukair, la aerolínea nacional, y Bhutan Airlines, una compañía privada. Ambas ofrecen un servicio limitado, lo que añade un nivel extra de desafío para los viajeros que desean visitar esta remota región del mundo.
Imagen: Jan Huber (Unsplash) | Mashrik Faiyaz (CC BY-ND 2.0)