Los agujeros negros son los objetos más enigmáticos del universo. Aunque aún no comprendemos todos sus secretos, los cosmólogos han desvelado algunos de sus misterios. Un agujero negro es una región del espacio con una masa tan concentrada que genera un campo gravitatorio del que nada puede escapar, ni siquiera la luz.
Existen varios tipos de agujeros negros, pero los más conocidos son los cósmicos, que se forman a partir del colapso de estrellas muy masivas. La masa de la estrella determina su destino final: las menos masivas se convierten en nebulosas con una enana blanca en su centro, mientras que las más masivas pueden transformarse en estrellas de neutrones, de quarks o en agujeros negros.
Para que una estrella se convierta en una estrella de neutrones, debe tener al menos 1,44 masas solares, conocido como el límite de Chandrasekhar. Si la masa es mayor, puede convertirse en una estrella de quarks o en un agujero negro, según el límite de Tolman-Oppenheimer-Volkoff, fijado en aproximadamente 2,17 masas solares.
Además, algunos agujeros negros se forman por la colisión de otros agujeros negros. Según los astrofísicos Imre Bartos y Oscar Barrera, estos agujeros negros contienen información sobre sus predecesores, como su masa y espín. Este hallazgo es crucial para caracterizar estos objetos, ya que la masa y el espín son propiedades fundamentales.
Los agujeros negros que se alimentan de nubes de gas y polvo, y los que nacen de colisiones, suelen tener una alta velocidad de rotación. En cambio, los que se forman por el colapso de estrellas masivas tienen una rotación baja. Bartos y Barrera han utilizado la inferencia bayesiana para llegar a estas conclusiones, destacando que los agujeros negros resultantes de colisiones son probablemente comunes en el universo.
Imagen: NASA