La reciente Ceremonia de Apertura de los JJOO ha generado un intenso debate tras la aparición de una escena que muchos interpretaron como una burla a La Última Cena. En esta secuencia, un personaje con barba rubia y pintado de azul, acompañado de drag queens y bailarines, evocó la famosa obra de Leonardo da Vinci. Sin embargo, la representación no era de La Última Cena, sino de Festin des Dieux de Jan Harmensz van Bijlert, una obra que celebra a los dioses del Olimpo.
Las reacciones no se hicieron esperar. Personalidades como Elon Musk y Donald Trump criticaron la escena, considerándola irrespetuosa hacia los cristianos. Trump, junto a otros conservadores, argumentó que la ceremonia promovía una ideología que no representaba los valores de los Juegos. A pesar de las críticas, el director de arte, Thomas Jolly, aclaró que su intención era celebrar la diversidad y la unión, no ofender a nadie.
La controversia refleja un momento cultural tenso, donde el debate entre lo que se considera woke y lo que se opone a ello está más presente que nunca. Mientras algunas marcas parecen distanciarse de mensajes inclusivos, el eco de voces conservadoras se amplifica. Este episodio en los JJOO es un claro ejemplo de cómo el arte y la cultura pueden ser malinterpretados en un clima social polarizado.
Imagen: París 2024, Leonardo Da Vinci