Françoise Bettencourt Meyers, la heredera del imperio cosmético de L’Oréal, es la mujer más rica del mundo y prefiere mantenerse en el anonimato. A pesar de su fortuna y de haber roto la barrera de los 100.000 millones de dólares, es prácticamente desconocida. Su carácter reservado y su aprecio por la privacidad contrastan con el carácter extrovertido de su madre. Françoise ha delegado la administración de L’Oréal en su marido y sus hijos, pero sigue siendo la mayor accionista individual de la compañía. Además, cuenta con importantes participaciones en Nestlé, Sanofi y LVMH. Aunque reside en un exclusivo barrio de Francia, prefiere mantenerse alejada del foco mediático. Su educación religiosa y su gusto por las bellas artes la han llevado a escribir libros y a liderar la Fundación Bettencourt Schueller, dedicada al mecenazgo científico y cultural en Francia.